Faddei
Escucho voces, hablan como si ya no importará que escuche.
—¿Confirmado?
—Sí, la casa explotó.
Mi corazón late fuerte y demasiado fuerte para alguien que debería estar muriendo.
—¿Y el niño? —Preguntan abiertamente, sé la respuesta y sonrió en mis adentros.
—No estaba ahí, ni la hija del capo. —Ahora aunque mis labios están partidos dibujó una sonrisa. Saborea la sangre en mi paladar y el dolor en mis costillas se acentúa.
Uno de los hombres se acerca y me golpea en el estómago. El a