Mabel
Romi estaba inquieta y asustada, sin embargo, lo consiguió.
El suero es una acción desesperada, pero así me siento en este momento, no estoy velando por mí, sino por mi hijo, no puedo quedarme a llorar cuando lo quieren arrancar de mi lado.
El silencio que quedó después no fue paz, fue incertidumbre, las puertas se abrieron y la expresión facial de Vicenzo fue un poema.
La estancia olía a metal, a vino derramado y a decisiones que ya no podían deshacerse. Riccardo respiraba con dificulta