El amanecer trajo un silencio extraño. El tipo de silencio que precede a la tormenta. Me levanté en el pequeño apartamento y lo primero que vi fue a Sebastián, sentado frente a su computadora portátil. Su rostro estaba tenso, iluminado por la luz azul de la pantalla.
—¿Qué pasa? —pregunté, todavía con la voz ronca.
Giró el monitor hacia mí. Era un artículo recién publicado en un periódico digital. El titular me dejó sin aire:
“Ana Paula Valverde, sospechosa principal en caso de lavado de dinero