El sonido de mi nombre en la televisión me heló la sangre. Estábamos desayunando en el apartamento, un silencio cómodo después de la tormenta de la noche anterior, cuando Sebastián encendió la pantalla para vigilar las noticias.
La imagen apareció: Julián, impecable como siempre, traje a medida, voz firme. Frente a las cámaras, parecía más un héroe que un villano.
—Es doloroso —decía—, pero mi esposa, Ana Paula Valverde, ha sido manipulada. Personas sin escrúpulos la han utilizado para manchar