Bajo la tormenta
Alondra no pudo más con la confusión que la ahogaba. La habitación se le hacía un encierro insoportable, y aquella cadena con el dije en forma de medio corazón parecía quemarle la piel cada vez que la tocaba. Decidió buscar respuestas por sí misma.
Abrió el cajón de su cómoda y colocó uno a uno todos los regalos que había recibido en secreto. El pañuelo bordado, las flores secas, los pequeños objetos que habían llegado con notas anónimas… cada detalle que la había ilusionado. L