Después de lo ocurrido, Alondra regresó a La Esperanza, pero aquel día su mente estaba exhausta. Cada pensamiento sobre Camilo le provocaba un cansancio que nada podía aliviar.
—No puedo creer que Camilo te haya hecho esto, hija… —dijo Emiliano, con el rostro tenso y la voz quebrada.
Alondra se sirvió un trago de whisky, lo bebió de un solo sorbo y asintió sin decir nada. Luego, agarró la botella y subió hacia su habitación.
Se quitó la ropa y la dejó caer al suelo. Aún podía sentir los dedo