Alondra regresó a La Esperanza después de aquellos dos meses de ausencia. Apenas cruzó el portón, notó que algo especial la aguardaba. En el jardín trasero, bajo las guirnaldas de flores y luces de papel, todo estaba decorado con esmero: mesas largas cubiertas de manteles blancos, jarrones rebosantes de rosas y girasoles, y un arco adornado con cintas que daba la bienvenida.
Fue Lía, su amiga y hermana del alma, quien había organizado la sorpresa. Con la ayuda de Paloma y varios peones, habían