Capítulo 59
Alondra trataba de mantener la calma, aunque por dentro el corazón le golpeaba el pecho como si quisiera romperle las costillas. Tenía la respiración entrecortada, el aire le faltaba, pero en su mente buscaba con desesperación una manera de escapar.
El hombre, de rostro cubierto y vestido completamente de negro, jugaba con el arma en sus manos: una pistola que brillaba bajo la luz tenue de la habitación. Con una frialdad escalofriante, rozaba el cañón contra su rostro, bajando lenta