El desafío
La mañana en La Esperanza había despertado serena, con los gallos saludando el día y el sol abriéndose paso entre la neblina que se disolvía poco a poco sobre los campos. El aire fresco llevaba consigo el olor de la tierra húmeda, de las flores del jardín y de los establos lejanos. Sin embargo, para Alondra esa calma era una mentira cruel.
Caminaba sola por el jardín con la mirada perdida, sosteniendo una taza de café que ya se había enfriado entre sus manos. El silencio no le daba