Entre la vida y la muerte
Carlos no podía apartar la mirada de Alondra cuando la vio correr como alma en pena, montada en aquel caballo desbocado bajo la tormenta. Sintió un mal presentimiento que le atravesó el pecho como un puñal. El corazón le palpitaba con violencia, y en cuanto notó que algo iba mal, espoleó su caballo y salió tras ella, gritando su nombre en medio del vendaval.
El galope era feroz, las gotas de lluvia golpeaban su rostro y lo cegaban, pero no importaba. Solo quería alcanz