Eliza
El lunes llegó, cruel y despiadado.
A pesar de todos mis esfuerzos por mantenerme entera, las lágrimas no dejaron de brotar. El fin de semana había sido un infierno, pero estaba decidida. Bastián me iba a escuchar, así fuera lo último que hiciera. No porque todavía lo amara, aunque lo hacía, sino porque merecía que supiera la verdad.
No me merecía el trato que me dio, ni las acusaciones, ni ese desprecio que todavía quemaba. Y necesitaba, por encima de todo, que se diera cuenta de quién e