Eliza
Atrás había quedado el hombre que, minutos antes, había dejado al descubierto su alma sobre el escenario. El que me miró ahora no tenía ni rastro de vulnerabilidad. Frente a mí estaba el Bastián que dirigía emporios con una sola mirada, que aplastaba sin pestañear a quienes osaran desafiarlo.
El implacable director ejecutivo.
―Tú eres el tipo del discurso― dijo Jack, con el ceño fruncido y la desconfianza pintada en los ojos. Dio un paso hacia adelante, sin soltarme del todo―. Y tú siempr