Bastián
Estaba agotado. Dormir se había vuelto una odisea desde hacía semanas. Eliza no encontraba ninguna posición cómoda y, cada tanto, salía corriendo al baño. Estaba en las últimas semanas de embarazo, y la ansiedad que ambos sentíamos por conocer a nuestra pequeña estaba por las nubes.
Íbamos a tener una niña.
Si soy sincero, estaba aterrado. No sabía si podría funcionar como padre, aunque me había prometido a mí mismo ser uno mucho mejor de lo que fue el mío. No quería que nuestra hija cr