Eliza
Me desperté sola. El lado de Bastián en la cama estaba frío, intacto. Anoche, cuando llegué, no estaba. Supuse que había salido, tal vez a dar una vuelta, o a la oficina a terminar algo que no podía esperar. Pero ahora, con la luz filtrándose por las cortinas y el silencio denso en el departamento, algo no cuadraba.
No había señales de que hubiera dormido aquí.
Sacudí la cabeza, obligándome a no caer en especulaciones. Lo más lógico era que hubiera salido temprano, aunque era raro que no