Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj de la pared marcaba las once de la mañana, pero para Violeta el tiempo había dejado de tener sentido. Llevaba horas en la sala de espera, con los codos apoyados sobre las rodillas y las manos entrelazadas, mirando un punto fijo en el suelo.
Las palabras del médico aún resonaban en su mente como un eco imposible de acallar.
Amnesia temporal.
Dos palabras que, si bien significaban esperanza, no traían consuelo.
El







