Hope despertó con la cabeza palpitante, como si un martillo golpeara su cráneo desde dentro.
La luz que entraba por la ventana le dio directo en los ojos y soltó un quejido, enterrando el rostro en la almohada.
Todo olía distinto. No era su habitación. Ni sus sábanas. Ni su colchón con la forma de siempre.
Abrió un ojo y lo primero que vio fue el techo blanco, demasiado alto, con molduras y una lámpara moderna que jamás había visto.
Se incorporó lentamente, con la sábana hasta la barbilla, inte