El sonido de la lluvia golpeando los ventanales era un murmullo suave, casi hipnótico.
Hope había aprendido a amar esos días nublados desde que Eugene la llevaba en su moto por las calles empapadas del campus, justo después de los exámenes. Decía que la lluvia limpiaba la mente, que cada gota arrastraba las dudas y el cansancio.
Ahora, mientras observaba desde la cafetería universitaria cómo las gotas resbalaban por el cristal, sonreía al recordarlo. Era el último año de universidad. Administra