La primera luz del domingo se filtraba entre las cortinas, pintando la habitación con un resplandor dorado. El silencio era casi sagrado. Solo se oía el murmullo distante de los pájaros y la respiración acompasada de Liam, que dormía profundamente a su lado.
Violeta abrió los ojos poco a poco, acostumbrándose a la luz. Por un momento, no quiso moverse.
Era la primera vez en mucho tiempo que se despertaba con una sensación de paz tan pura. Liam descansaba de lado, el rostro relajado, el cabello c