Mundo ficciónIniciar sesiónLara siempre fue la hija olvidada. Rechazada por su padre desde el nacimiento, culpada por la muerte de su madre, creció a la sombra de hermanas perfectas y de una familia que nunca la quiso cerca. Cuando la empresa familiar colapsa, es vendida como moneda de cambio a un poderoso y temido jeque de Dubái. Khaled Rashid, un hombre acostumbrado a obtener todo lo que desea, ve en Lara algo más que una esposa comprada: percibe una fragilidad que lo intriga y una fuerza que lo desafía. Frío, controlador y letal, decide protegerla… siempre y cuando ella jamás se involucre en los secretos que sostienen su imperio. Entre lujos, miedo, deseo y cicatrices del pasado, Lara deberá elegir: huir de todo lo que la aterra o enfrentar la verdad de que, por primera vez en su vida, alguien podría estar dispuesto a luchar por ella —aunque ese alguien también sea un monstruo.
Leer másKhaledNada se me escapaba.Nada.Mucho menos cuando involucraba a mi familia.Estaba sentado en mi despacho, en silencio absoluto, rodeado de una calma que solo existía en la superficie. La iluminación baja se reflejaba en los detalles oscuros del ambiente, en el cristal de la mesa, en las paredes impecables, en el control absoluto que aquel espacio representaba. Allí dentro, todo era previsible. Todo obedecía. Todo funcionaba como debía.Hasta que el teléfono vibró.El sonido fue bajo.Discreto.Pero suficiente.No era una llamada común. No era alguien que llamaba sin motivo. Mis hombres sabían exactamente cuándo hablar… y, sobre todo, cuándo no hablar.Cogí el aparato sin prisa, como quien ya sabía que aquello cambiaría algo.— Habla.La voz del otro lado llegó contenida, controlada, pero cargada de algo que no pasaba desapercibido. No era miedo. Era tensión.— Seguía a Natália.Mi cuerpo no reaccionó.Pero mi atención… se volvió absoluta.El silencio que vino después no fue vacío.
NathalyMi corazón latía acelerado.Pero no era miedo.Era anticipación.Una sensación eléctrica recorriendo mi cuerpo, como si cada paso que daba me acercara a algo inevitable. Sabía exactamente lo que estaba a punto de ocurrir. Sabía el peso de aquello. Sabía las consecuencias.Y, aun así… no dudé.En cuanto colgué la llamada, ya estaba en movimiento. Cogí mi bolso, comprobé rápidamente mi reflejo en el espejo —postura alineada, expresión neutra, mirada firme— y salí sin mirar atrás.No había espacio para dudas ahora.El camino hasta la casa de Adir pareció más corto de lo que realmente era. Las luces de la ciudad pasaban por la ventana como borrones dorados, reflejándose en los cristales del coche, mientras mi mente ya estaba más adelante… proyectando cada paso, cada reacción, cada detalle.O quizás… anticipando el impacto.Cuando el coche se detuvo, respiré hondo antes de bajar. Ajusté los hombros, alineé la postura y caminé con seguridad.La confianza lo era todo.La naturalidad
NatáliaNada en aquella ciudad ocurría por casualidad.Mucho menos dentro del territorio de un hombre como Adir.Por eso, si quería destruir aquella boda… no sería por impulso.Sería con precisión.Permanecí dentro del coche unos minutos, observando el movimiento a distancia, analizando cada detalle con calma. Cambios de turno, posicionamiento de los hombres, patrones de vigilancia, comunicación discreta entre ellos. Todo funcionaba como debía.Seguridad reforzada.Organización impecable.Control absoluto.Exactamente el tipo de estructura que da la falsa sensación de invulnerabilidad.Y, aun así…nadie es intocable.La cuestión nunca fue “si”.Siempre fue “cómo”.Cogí el móvil de nuevo, releyendo la confirmación que ya estaba allí. El hombre estaba posicionado. No era alguien aleatorio. Ya formaba parte del equipo de aquella noche, tenía acceso, sabía cómo circular sin levantar sospechas.Y, más importante que todo…tenía motivos suficientes para no fallar.Salí del coche solo para c
NatáliaYo sabía.Simplemente sabía que había algo mal.Desde temprano, aquel silencio me estaba molestando.El movimiento.Las conversaciones en voz baja.Las miradas de reojo.Todo en aquel lugar estaba… extraño.Pero lo que me hizo perder completamente la paciencia fue ver la invitación en las manos de Elena.Dorada.Elegante.Impecable.La invitación de la boda.De la boda de mi propio sobrino.Y no estaba en mis manos.Mi mandíbula se tensó al instante.Sentí la sangre subirme.Hervir.Di dos pasos en su dirección, sin ni siquiera intentar disimular.— Déjame ver eso.Ni siquiera pedí.Se lo quité de la mano.Abrí.Leí.Cada.Palabra.Mi nombre no estaba allí.Ninguna mención.Nada.Cerré la invitación despacio.Pero por dentro…estaba explotando.— ¿Qué payasada es esta?Mi voz salió baja.Peligrosa.Elena me miró, demasiado calmada para mi gusto.Como si ya esperara aquello.— Parece que no te han invitado.Aquello fue como una bofetada.Reí.Pero no fue una risa normal.Fue aq
Último capítulo