El vapor del baño seguía suspendido en el aire, y el agua tibia resbalaba por el suelo de mármol como si el tiempo se hubiera detenido. Violeta no podía dejar de temblar. No sabía si era por el susto, la rabia… o la cercanía de Liam ante aquel beso y su confesión.
Él seguía allí, con la piel húmeda y la herida apenas cubierta por una toalla. La mirada de acero que solía usar con el mundo se había quebrado frente a ella, dejando ver una vulnerabilidad que solo ella podía entender.
—No debiste ve