El viaje por la Autoroute du Soleil hacia Marsella fue un trayecto realizado en un silencio sepulcral, solo roto por el rugido constante del motor del Range Rover negro y el viento golpeando los cristales blindados. Alessandro —Luca— conducía con las manos firmes sobre el volante, pero sus nudillos estaban blancos. Maya —Bianca— observaba el paisaje cambiar: los viñedos ordenados y las villas de ensueño de la Costa Azul daban paso gradualmente a la arquitectura industrial y a las grúas del puer