Miranda había estado pensando detenidamente en lo que su amiga le había propuesto. Vera tenía razón: no podía quedarse sola, encerrada en esas cuatro paredes. Si lo hacía, lo único que iba a lograr era volverse prisionera de su propia mente, de los problemas, de los inconvenientes y de todo el desastre mediático y emocional que estaba sucediendo en su vida. La inacción era el alimento de la depresión, y ella tenía una razón poderosa creciendo en su vientre para no dejarse vencer.
—Tengo que ha