Al final del día, la habitación del bebé mostraba un progreso maravilloso. Las paredes lucían el suave gris perla, y la cuna ya estaba ensamblada en un rincón, un símbolo firme de la esperanza. Miranda abrazó a Vera con un sentimiento de profunda gratitud.
—Vera, has hecho un trabajo increíble. Gracias por estar aquí, apoyándome. La verdad es que no sé qué haría sin ti —le regaló un cumplido, con una sonrisa enorme en la cara.
Vera le devolvió el abrazo, su alegría de recién prometida desbordan