Capítulo noventa y siete. El Reino Helado.
Las primeras luces del amanecer apenas tocaban las torres del castillo cuando partieron.
El viento del norte traía consigo una quietud inusual, como si incluso el aire estuviese conteniendo la respiración ante lo que se avecinaba. Rowan caminaba al frente, con una determinación en los ojos que parecía más antigua que su propia alma. A su lado, Lyra sostenía a Liam, envuelto en mantas gruesas, dormido, con la respiración calmada. No había vuelto a habla