Capítulo noventa y ocho. El precio del hielo.
La montaña no perdona.
El frío ya no era solo una incomodidad: era una prueba.
Rowan se adelantó, los dedos entumecidos aferrando la empuñadura de su espada, mientras el grupo descendía en silencio hacia las profundidades del Glaciar de los Lamentos. Según la Sacerdotisa, allí se encontraba el Corazón Helado, un cristal formado con las lágrimas de la primera Alfa que enfrentó al Vacío… y que eligió morir antes que permitir que su sangre lo alimentar