Capítulo noventa y seis. La Marca y el Trono
El altar ya no era un altar. Era una grieta. Una herida abierta en la tierra. Desde sus entrañas, una silueta emergía lentamente, como si la oscuridad misma estuviese dando a luz a un ser olvidado por la historia.
Rowan retrocedió un paso, protegiendo instintivamente a Morgana con el cuerpo, aunque sabía que de poco serviría si lo que presentía era real. Las piedras temblaban. La magia crepitaba en el aire con un zumbido casi insoportable. Elayne no