La cena en la mansión Miller transcurría bajo una atmósfera cargada, donde el tintineo de la platería contra la porcelana sonaba como disparos en medio de un silencio sepulcral.
Helena apenas probaba el consomé, cada vez que levantaba la vista, se encontraba con el vacío en los ojos de Alexander o con la sonrisa de triunfo que Brooke no se molestaba en ocultar.
Magnus, sentado en la cabecera, observaba el cuadro con una fijeza analítica. Notaba la rigidez en los hombros de su esposa y la forma