La mansión Miller se convirtió en un manicomio de reglas estrictas. Magnus, en un despliegue de control absoluto, asignó a dos enfermeras privadas para que atendieran a Helena las veinticuatro horas, reportando directamente a él.
Alex, por primera vez, se sentía como un extraño en su propia casa. Cada vez que intentaba pasar por el pasillo de la alcoba principal, la mirada de los guardias de seguridad, ahora bajo órdenes directas de su padre, le recordaba su destierro.
Helena, confinada entre s