La luz de la mañana en la mansión Miller no traía esperanza, sino una claridad despiadada que exponía las grietas de una familia construida sobre el poder y la falta de escrúpulos.
Brooke Miller descendió la escalera de mármol con la elegancia de una pantera y la frialdad de una ejecución. Vestía un conjunto de seda color perla, un contraste calculado con el caos que ella misma había sembrado en el puente de las Siete Millas.
En el comedor, el aire estaba cargado de un magnetismo opresivo. Magn