Megan pasó una mano temblorosa por su frente, tratando de disipar de una vez por todas el eco profundo de la voz de Camilo que aún parecía vibrar entre las paredes de piedra de su despacho. Abrió una carpeta de informes financieros con una brusquedad innecesaria, obligándose con desesperación a concentrarse en las cifras de reconstrucción, pero las líneas de texto impresas se mezclaban de forma caótica con el recuerdo de la espalda desnuda del general bajo la luz de la suite.
No tuvo demasiado