El lunes por la mañana, el palacio de Tierra Escarlata amaneció sumergido en su habitual ritmo frenético de burocracia, soldados marchando en formación y asesores corriendo con carpetas bajo el brazo. Para el resto del mundo, era un inicio de semana común tras la crisis del sismo. Pero para Megan y Camilo, el aire del pasillo cortaba como el cristal.
Megan se miró en el espejo de su baño privado antes de salir al despacho. Vestía un impecable traje de sastre gris plomo, perfectamente entallado,