El viernes por la mañana, el aire en el palacio se cortaba con un cuchillo. La Fase 2 de la estrategia había dejado a Megan en un estado de vulnerabilidad absoluta; sus noches eran insomnios continuos pensando en la devoción silenciosa del general, y sus días eran una tortura de distancia. El terreno estaba preparado, las defensas agrietadas. Era el momento de la estocada final.
La tormenta estalló a las nueve en punto. El viejo Saúl entró al despacho de la gobernadora con el rostro pálido y la