El jueves por la mañana, el regreso de la gobernadora al palacio de Tierra Escarlata fue recibido con el más alto protocolo. Megan cruzó el umbral del ala presidencial vistiendo un impecable traje sastre color gris sutil, con la barbilla en alto y los ojos miel fijos al frente. Por dentro, su corazón era un motor fuera de control. Había pasado las últimas cuarenta y ocho horas ensayando sus respuestas, blindando su mente y preparándose para el inevitable choque contra el general. Esperaba que C