El llanto de Megan se fue apagando lentamente, transformándose en una respiración acompasada contra el pecho de Camilo. El peso de los años de desconfianza, el fantasma de la traición y el blindaje de la corona se habían disuelto en el suelo de aquella suite, junto a las hojas esparcidas de una renuncia que nunca se firmaría.
Camilo la estrechó con una delicadeza inusual, rodeándola con sus brazos como si protegiera el tesoro más valioso de su existencia. Con un movimiento suave, le levantó la