El lunes amaneció con un cambio sutil, casi imperceptible para cualquiera que no fuera Megan, pero sísmico para ella. La fase de "vacío absoluto" había terminado. Camilo ya no era el soldado robótico y distante de los últimos días; había vuelto a ser el estratega impecable, pero con un giro que la desconcertaba aún más: su protección se había vuelto una presencia constante, silenciosa y absoluta.
Durante la inspección de las obras en el Sector Cuatro, donde el atentado del acueducto aún mantení