En cuanto la última pantalla de la videoconferencia se apagó de golpe, sumergiendo los grandes monitores de la sala en un negro absoluto, los rostros de los gobernadores fronterizos desaparecieron por completo. El silencio en la imponente sala de juntas se volvió denso, pesado y casi asfixiante, como si el oxígeno se hubiera evaporado junto con las señales de satélite. Saúl comenzó a recopilar sus notas digitales con parsimonia, completamente satisfecho con el rumbo técnico de la estrategia de