En la habitación 402, el aire se volvió tan pesado que Elena sentía que sus pulmones iban a colapsar. Tatiana mantenía su sonrisa de suficiencia, creyéndose la dueña de la situación, mientras Matteo permanecía de pie, con los puños cerrados y la respiración entrecortada.
Elena, pálida y con los labios azulados por la falta de oxígeno, comenzó a jadear. Sus ojos se pusieron en blanco por un segundo y su mano buscó desesperadamente el botón de emergencia. El monitor de presión arterial estalló en