Capítulo 17 – Trazas y rabia.
La casa estaba en silencio. Gabriela cerró la puerta detrás de sí, apoyó la espalda contra la madera y soltó un suspiro que parecía contener semanas de tensión. La jornada en la corte la había dejado vacía, drenada. Había sido fuerte, sí, pero por dentro la fuerza ya dolía.
Dejó caer la cartera sobre el sofá, caminó sin rumbo hasta el bar y sirvió una copa sin pensarlo. No lo hacía por costumbre, sino por necesidad. El vino se deslizó por su garganta, amargo, espeso, como la rabia que le quemab