Villa Rivera-Rojas.
El sol de la tarde se derramaba como miel caliente sobre las colinas de la Val d’Orcia, tiñendo los viñedos de un verde tan intenso que parecía imposible que fuera real. Los cipreses se alineaban como centinelas antiguos en la carretera de tierra blanca que subía hasta la villa, y el aire estaba saturado de lavanda, romero y el olor dulce y terroso de la uva madura que colgaba pesada de los sarmientos.
La casa, una antigua fattoria del siglo XVII restaurada con manos pacien