El sedán continuó su camino, alejándose del peligro inminente, pero la tensión en el interior del coche era casi tan palpable como la amenaza que acababan de eludir. La lluvia seguía cayendo, un telón incesante que separaba su burbuja de metal del resto del mundo. Elena se recostó contra el asiento, su respiración aún errática. Miró a Lucas, la oscuridad de la noche ocultando en parte las líneas de cansancio en su rostro. Él seguía concentrado en la carretera, su perfil tan inmutable como una e