El cuerpo de Antonio yacía inerte en la cubierta del "Barco Fantasma", un charco oscuro extendiéndose sobre el oro brillante. La venganza había sido un banquete amargo para Lucas. Elena, sus ojos llenos de horror y alivio, se acercó a él, el fusil aún tembloroso en sus manos. Los tres matones restantes, desorientados por la muerte de su líder, comenzaron a dispersarse, sus pasos inciertos en la oscuridad. El rugido de las sirenas, ahora ensordecedor, confirmaba que la policía estaba a solo metr