El aire en la cubierta del "Barco Fantasma" se había vuelto más frío, cargado con el peso de la pérdida. El brillo dorado del tesoro de los Corsarios del Orinoco yacía expuesto bajo la luna, una fortuna maldita que había cobrado la vida de Leonel. Lucas, con el cuerpo inerte de su hermano en brazos, sentía el dolor de la venganza ardiendo en su interior. Elena, a su lado, luchaba contra el agotamiento, sus ojos fijos en la oscura inmensidad del río Brent. El fuego en los astilleros, aunque más