Un año había pasado desde aquella noche infernal en Londres. El sol de Caracas, brillante y constante, se filtraba por las persianas de madera del apartamento de Elena, pintando las paredes con franjas de luz y sombra. El zumbido lejano del tráfico de la ciudad era la única melodía que la acompañaba ahora. La vida de Elena, en la superficie, era tranquila. Demasiado tranquila, a veces.
Se movía por el apartamento con una calma que no era del todo suya. Preparaba café en su vieja cafetera italia