Mundo ficciónIniciar sesiónA las 6:47 de la mañana siguiente, el teléfono de Sofía empezó a vibrar sin parar.
Primero fue un mensaje de su compañera de trabajo. Luego otro. Y otro. Cuando abrió I*******m, sintió que se le caía el mundo.
#SofíaMendoza
#LaNoviaDelCEO #EscándaloLeónSu foto (la que había usado en su antiguo perfil de Guadalajara) estaba en todas partes. Debajo, los titulares:
**“La nueva novia del CEO Mateo León huyó de Guadalajara tras denunciar a su violento exnovio”**
**“¿Quién es realmente Sofía Mendoza? La mujer que podría costarle el imperio a la familia León”** **“Pasado oscuro: ¿la novia del millonario tiene deudas y un ex convicto?”**Sofía sintió que se le helaba la sangre. Las manos le temblaban tanto que casi se le cae el teléfono.
Mateo entró en la habitación con dos tazas de café y vio su cara.
—¿Qué pasa?
Ella le pasó el teléfono sin decir nada.
Mateo leyó en silencio. Cada segundo que pasaba, su expresión se volvía más oscura. Cuando terminó, dejó el teléfono sobre la cama y se arrodilló frente a ella, tomándole las manos.
—Mírame —le dijo, voz baja pero firme—. Esto lo hizo mi padre. O Valentina. O los dos. No importa. Lo que importa es que tú no tienes nada de qué avergonzarte.
Sofía tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Mateo… van a destruirte. Van a decir que soy un problema, que te estoy usando, que soy una…
—Que digan lo que quieran —la interrumpió él, secándole las lágrimas con los pulgares—. Yo ya elegí. Y voy a seguir eligiendo. ¿Entiendes?
Ella asintió, pero las lágrimas seguían cayendo.
Mateo la abrazó fuerte, la meció suavemente y le besó el cabello.
—Esta mañana voy a hacer una declaración oficial —le prometió—. Y esta noche… vas a estar en mi cama, y voy a hacerte el amor hasta que olvides todo este ruido. Porque nada de esto cambia lo que eres para mí.
A las 9:00, Mateo apareció en vivo desde su oficina. La transmisión se vio en todos los medios financieros del país.
—Anoche —empezó, mirando directamente a la cámara— alguien filtró información privada sobre la mujer que amo. Información que solo mi familia conocía. No voy a entrar en detalles, porque no es de su incumbencia. Pero sí voy a decir esto:
Hizo una pausa. Su mirada era hielo.
—Sofía Mendoza es la mujer más valiente que he conocido. Sobrevivió a algo que la mayoría de ustedes no podrían ni imaginar. Y en vez de esconderse, eligió quedarse a mi lado. Si alguien tiene un problema con eso, que venga a decírmelo a la cara. Porque yo no voy a permitir que nadie la lastime. Ni con palabras. Ni con mentiras. Ni con nada.
Colgó la transmisión.
En el penthouse, Sofía estaba viendo la pantalla con los ojos llenos de lágrimas.
Mateo entró en la habitación, se quitó la chaqueta y la tiró a un lado. La miró con una intensidad que la hizo temblar.
—Ven aquí —le ordenó, voz baja y ronca.
Sofía se levantó. Él la abrazó con fuerza, luego la besó como si quisiera devorarla. La empujó contra la pared, le subió el vestido y le bajó las bragas de un tirón.
—Eres mía —gruñó, mientras se desabrochaba el cinturón—. Y nadie, ni mi familia, ni los medios, ni nadie, va a cambiar eso.
La folló contra la pared, intenso, posesivo, casi desesperado. Cada embestida decía “te elijo”, “te protejo”, “te amo”. Sofía se aferró a él, gimiendo su nombre, llorando de placer y emoción.
Se corrieron juntos, temblando, sudando, respirando el mismo aire.
Después, Mateo la abrazó contra su pecho, todavía dentro de ella, y le susurró:
—Esta noche vamos a salir a cenar. En público. Y mañana vamos a enfrentar lo que venga. Juntos. ¿Entendido?
Sofía asintió, con la cara escondida en su cuello.
—Entendido —susurró—. Juntos.







