Capítulo 19 Nuevo Peligro

A las 8:47 de la mañana siguiente, el teléfono de Sofía sonó. Era Rosa, la asistente que cuidaba a Lupita.

—Señorita Mendoza… alguien dejó un paquete en la puerta de la escuela. Dentro había una foto de Lupita saliendo del edificio ayer, y una nota que decía: “Dile a tu hermana que el tiempo se acaba. Si no vuelve a Guadalajara, la niña pagará el precio”.

Sofía sintió que se le helaba la sangre.

—Rosa, ¿Lupita está bien?

—Sí, está dentro de la escuela con los guardias. Pero está asustada.

—Dile que me espere. Voy para allá ahora.

Colgó y se giró hacia Mateo, que acababa de salir de la ducha con una toalla en la cintura.

—Lupita… otra vez. Alguien dejó una foto y una amenaza en la escuela.

Mateo se tensó al instante. En menos de dos minutos ya estaba vestido y marcando números en su teléfono.

—Carlos, activa el protocolo completo. Doble seguridad en la escuela. Quiero saber quién dejó ese paquete y quiero su nombre en una hora. Si es alguien de Javier, quiero que lo encuentren antes del mediodía.

Colgó y miró a Sofía.

—Vamos —le dijo, tomándola de la mano—. Esta vez no te quedas atrás. Vas a estar conmigo.

---

Cuando llegaron a la escuela, Lupita estaba en la oficina de la directora, abrazada a su osito de peluche, con los ojos rojos de tanto llorar. Al ver a su hermana, corrió hacia ella.

—Sofía… otra vez. Dijeron que me iban a llevar si no volvías.

Sofía se arrodilló y la abrazó con fuerza, conteniendo las lágrimas.

—Nadie te va a llevar, mi vida. Te lo prometo.

Mateo se acercó y se agachó a su altura.

—Lupita, mírame. Tengo veinte hombres alrededor de esta escuela ahora mismo. Y voy a encontrar a quien hizo esto. ¿Confías en mí?

La niña asintió, todavía temblando.

—Confío.

Mateo se levantó y miró a Sofía.

—Esta noche la llevamos al penthouse. No va a volver a esta escuela hasta que todo termine. Y tú… —le tomó la cara— esta vez no vas a quedarte callada. Vas a luchar conmigo. ¿Entendido?

Sofía lo miró. Por primera vez, no vio solo al hombre que la protegía. Vio a su pareja. A alguien con quien podía pelear codo a codo.

—Entendido —respondió, voz firme—. Esta vez peleo contigo.

---

Esa misma tarde, mientras Mateo estaba en una reunión de emergencia, Sofía recibió una llamada de un número desconocido.

Contestó.

—¿Quién es?

Una voz masculina, ronca y burlona, respondió:

—Dile a tu novio millonario que esto no se acaba con una nota. Dile que si quiere que su princesa y su hermanita sigan vivas, tiene que dejar de jugar al héroe. O la próxima vez no será solo una foto.

Sofía sintió que se le aceleraba el corazón, pero no colgó.

—Dile a quien sea que te envió esto —respondió, voz sorprendentemente calmada— que ya no me da miedo. Y que si vuelve a amenazar a mi hermana, voy a ser yo quien lo encuentre. No Mateo. Yo.

Colgó.

Cuando Mateo regresó al penthouse esa noche, la encontró en la terraza, mirando la ciudad con expresión seria.

—Te vi en las cámaras de seguridad de la escuela —le dijo él, acercándose—. Escuché la llamada. Estuviste increíble.

Sofía se giró y lo miró a los ojos.

—Ya no quiero ser solo protegida, Mateo. Quiero pelear. Quiero que sepan que si tocan a Lupita, tocan a las dos. ¿Me ayudas?

Mateo sonrió. Fue una sonrisa orgullosa, casi feroz.

—Siempre —respondió, tomándola de la cintura—. Esta guerra ya no es solo mía. Es nuestra.

La besó. Fue un beso lento, profundo, lleno de promesas.

Y esa noche, por primera vez, Sofía sintió que ya no era la chica que huía.

Era la mujer que se quedaba y peleaba.

Junto al hombre que había elegido.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP