La costa de Calabria era un testimonio de aspereza y olvido, cuando la lancha, ya casi sin combustible, tocó tierra en una pequeña cala de arena oscura y guijarros afilados, Darío sintió que el frío de la madrugada le perforaba los huesos, pero era nada comparado con el vacío en su pecho.
Habían navegado durante horas bajo el manto de la noche, en una esperanza de escape que se sentía hueca sin Luciana, y, a pesar de que había pilotado, Darío solo había sido un cuerpo sentado, rígido, con las m