Mundo ficciónIniciar sesiónEl silencio en la habitación de la clínica era tan denso que el rasgar de la pluma sobre el papel se escuchaba como un estruendo. Darío Ferraro, o el hombre que hasta ese momento había portado ese nombre como un escudo y una corona de espinas, sostuvo la pluma estilográfica sobre la línea de puntos.
Sus dedos, marcados por cicatrices que contaban historias de noches violentas y decisiones implacables, temblaron apenas un milímetro.
Frente a él, el documento de Renuncia de Identidad y Asunción de Patrimonio parecía una sentencia de muerte para su pasado.
Al firmar, el Estado italiano lo reconocería como Darío Greco, heredero universal. Pero el precio era el borrado legal de su vínculo con Massimo Ferraro, dejaría de ser el hijo del hombre que lo amó sin condiciones para convertirse, en los registros oficiales, en el vástago del monstruo que lo engendr&o







