Se llevó la mano al pecho para aliviar el dolor casi físico en su interior, mientras sus malditas emociones se burlaban de ella impidiéndole respirar con libertad.
A medida que las primeras luces de la mañana, débiles y acuosas, comenzaron a luchar contra la neblina, se escuchó el sonido irregular y ruidoso de un motor acercándose al portón principal. Era demasiado lento y estrepitoso para ser un vehículo de la finca.
— Es él — dijo Leo, poniéndose de pie — solo puede ser él para que haya pasad