Mundo ficciónIniciar sesiónEl estruendo del silencio roto fue más ensordecedor que cualquier explosión.
Un grito colectivo, una mezcla de horror y asombro, surgió de la garganta de los cientos de invitados que llenaban la nave central de San Juan de Letrán.
El protocolo saltó por los aires en un segundo y la imagen, digna de una tragedia de Shakespeare pero con el crudo realismo de la era digital, quedó congelada en las pantallas de millones de hogares. la novia, pálida y etérea en su seda blanca, sujetaba al hombre más poderoso de la sombra italiana con un estilete hundido en la carne de su cuello.
Las cámaras, operadas por técnicos en estado de shock, no se desviaron, y el instinto periodístico superó al miedo. Hicieron un primer plano cinematográfico del rostro de Luciana Mancini, cuyos ojos ya no estaban vacíos, ardían con el fuego de una estirpe que se negaba a ser extinguida.
— ¡Mírenlo bien! — gritó Luciana, su voz era proyectada a través de la megafonía del templo y captada







