La noche estaba más fría de lo habitual en Luminaria. El cielo parecía contener la respiración, como si las propias estrellas estuvieran a la espera de algo. Entre las copas de los árboles del norte, donde el viento silbaba con advertencias antiguas, los centinelas notaban un cambio. No era una presencia... era una ausencia. Como si algo estuviera arrancando trozos del silencio y devorándolos.
Amara despertó con un sobresalto. No había tenido pesadillas, pero su corazón palpitab